Twitter, la empresa «imposible» en manos de Elon Musk, ya pone en guardia a EEUU y la UE

Twitter, la empresa «imposible» en manos de Elon Musk, ya pone en guardia a EEUU y la UE

Jack comparte un enlace para escuchar la canción de Radiohead Everything in its right place. El tuitero es Jack Dorsey, el cofundador y ex CEO de Twitter, y la cita parece aludir a la propia empresa, en manos de Elon Musk desde este lunes. Con permiso de Parag Agrawal, director ejecutivo en la actualidad, el traspaso de poderes está hecho, a la vista de cualquiera.

«El objetivo de Elon de crear una plataforma que sea ‘de máxima confianza y ampliamente inclusiva’ es el correcto», ha aseverado Dorsey al respecto de las intenciones manifestadas por Musk. La inclusión se consigue sumando, pero también evitando las exclusiones, y el discurso sobre la libertad de expresión que enarbola el CEO de Tesla para su recién adquirida red social parece encajar en esos postulados. De hecho, si los controles de contenido se simplifican y reducen también podría ocurrir lo mismo con una plantilla de en torno a 7.500 empleados.

El emprendedor sudafricano, que ha comprado la plataforma por 44.000 millones de dólares, dice mirar por «el futuro de la civilización» y no por el mero hecho «de hacer dinero». Con la aeroespacial SpaceX, por ejemplo, Musk quiere llevar vida a Marte; gracias al fabricante Tesla o a la tuneladora The Boring Company, confía en acabar con las emisiones en el transporte. Tan altas metas no han le han impedido forjar un lucrativo imperio: el hombre más rico del mundo amasa una fortuna superior a los 200.000 millones de dólares, según Forbes.

Musk se ha comprometido a acabar con los bots, es decir, con las cuentas anónimas robotizadas; y quiere también habilitar cuanto antes la edición de tuits ya publicados, un reto más para el análisis de mensajes en los tiempos de la postverdad. En el Partido Republicano ya han lanzado un guiño al nuevo propietario de la red social que vetó a Donald Trump. El ex presidente de momento se hace de rogar y prefiere apostar por su propia plataforma, la de momento incierta Truth.

Joe Biden lleva «mucho tiempo preocupado por el poder de las grandes plataformas de redes sociales», deslizaba la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, y ciertamente el presidente ha hecho de menos a Tesla en más de una ocasión, al mostrar sus preferencias por fabricantes clásicos como General Motors, Ford o Chrysler en detrimento de la tecnológica Tesla, que se ha resistido a permitir sindicatos y produce en masa desde China. De hecho, a pesar de la prohibición de Twitter en el gigante asiático, ya se especula con una mayor influencia de ese país sobre la firma californiana del pájaro azul.

El comisario europeo de Mercado Interior, Thierry Breton, ha avisado: «Sean coches o redes sociales, cualquier compañía que opere en Europa debe cumplir con nuestras reglas, sin importar su accionariado», y lo ha dejado escrito en su cuenta de Twitter, propiedad de Musk. La nueva Ley de Servicios Digitales comunitaria obligará, por ejemplo, a la retirada de contenidos ilegales, por mucha fuerza que ostente la cacareada libertad de expresión.

El CEO de Tesla (que caía en Bolsa este martes en torno a un 9% al conocerse que se responsable iba a compaginar sus funciones con la propiedad de Twitter) quiere «optimizar el producto con funciones nuevas, haciendo que los algoritmos sean de código abierto para aumentar la confianza, combatir a los bots de spam y autentificar a todos los usuarios humanos».

A Dorsey le gustaría que Twitter perdurara más como «un bien público» que como una compañía, pero lo es y atraviesa además una «situación imposible». La operación se ha cerrado a un precio de 54,20 dólares por acción, respaldada y asesorada por Morgan Stanley, y ha arrojado una suma que duplica la de la compra de WhatsApp por Facebook (22 millones de dólares en 2014). Twitter reúne apenas la décima parte de los usuarios de Facebook (217 millones de usuarios activos diarios) y acredita resultados financieros mejorables (221 millones de dólares perdidos en 2021 y 1.135 millones de dólares en negativo en 2020). Sin embargo, esta red social puede presumir de una marca reconocida e incluso de cierta fidelidad y relevancia entre sus usuarios, con el propio Musk como ejemplo (más de 17.000 tuits desde que se unió a la comunidad en 2009).

Aunque Musk se erija como adalid frente a los bots, Twitter lleva ya años trabajando frente a las llamadas cuentas huevo, esas que ni siquiera se han molestado en colocar una imagen detrás de la identidad de quien supuestamente envía los mensajes. Desde finales de 2018, la plataforma ha apartado el foco en la cifra de usuarios activos para centrar sus recuentos en los usuarios diarios activos monetizables (MDAU según sus siglas en inglés), las personas que efectivamente están presentes en la red , más allá de los bots que bombardeen el timeline de los internautas. De los 5.077 millones de dólares que ingresa anualmente la compañía, un 89% proviene de la publicidad. «Es lo más parecido que tenemos a una conciencia global», cree Dorsey. Habrá que ver si a Musk le basta con eso.