Treinta años del asesinato del juez Falcone: la mafia no es invencible

Treinta años del asesinato del juez Falcone: la mafia no es invencible

Justicia Italia inicia un «macroproceso» contra la poderosa mafia calabresa

Giovanni Falcone estaba convencido de que la mafia «no era, en modo alguno, invencible». «Es un hecho humano y como todo hecho humano tiene un principio y también tendrá un final«. Hoy hace 30 años, dos minutos antes de las seis de la tarde, una enorme explosión arrancó un tramo de la carretera de Palermo por la que viajaba el juez más famoso de Italia. Quinientos kilos de TNT y nitrato de amonio habían sido colocados en una tubería de agua enterrada bajo la autovía. Giovanni Brusca, por orden del capo Totò Riina, activó el detonador desde una colina cercana.

La bomba hizo saltar por los aires el coche en el que viajaban tres escoltas de Falcone: todos murieron. En el otro vehículo, un Fiat blanco, iban Falcone y su esposa, la también magistrada Francesca Morvilllo. Ambos salieron despedidos y murieron casi en el acto. El conductor, Giuseppe Costanza, que ese día estaba sentado en la parte trasera porque Falcone había querido conducir, sobrevivió, igual que los otros tres agentes que iban en el coche que cerraba la comitiva.

En el lugar de la matanza quedó un cráter de un metro de profundidad y un amasijo de huesos, piedras y metal. El Instituto Nacional de Geofísica, encargado de vigilar los latidos del Etna, registró el temblor en la carretera que llevaba al aeropuerto de Palermo. Treinta años después, un enorme monolito recuerda que en esa curva fue asesinado Falcone. A su lado crecen unos olivos de cuyo fruto se obtiene un aceite utilizado en las iglesias sicilianas en las unciones. Como si del dolor de una injusticia pudiera nacer un rito sagrado.

«Nadie había tenido el valor de decirme nada. Me enteré de lo que le había pasado a Giovanni por las noticias, una tarde de sábado de mayo, mientras preparaba una tarta para su cumpleaños: de nata y fresas, como la que hacía mi madre, porque Giovanni nació cuando era la época de las fresas». Así lo recuerda María Falcone, hermana del juez, en el libro que acaba de publicar, ‘El Legado de un juez’, para contar tres historias en una, la de un duelo eterno, la de un hombre convertido en símbolo y la de un país que despertó, por fin, en 1992.

«El asesinato de Falcone fue un trauma colectivo para Italia«, afirma Rocco Sciarrone, profesor de Sociología de la Mafia de la Universidad de Torino. Tras el anuncio del asesinato, cientos de ciudadanos fueron caminando hasta la casa del juez, en Palermo, y se reunieron bajo la sombra del ficus milenario plantado a su puerta. De sus ramas han colgado desde entonces mensajes en recuerdo del juez. El árbol se ha convertido en lugar de peregrinaje y el hombre, si no en leyenda, sí en una especie de héroe nacional.

El ‘hermano’ de Falcone, su colega y mano derecha, Paolo Borsellino, era el siguiente de la lista. Menos de dos meses después, el 19 de julio, murió en un atentado con coche bomba frente a la casa de su madre, junto a cinco de sus escoltas. En enero del año siguiente, el hombre que había ordenado los dos asesinatos, Salvatore Riina, el capo más conocido de la Cosa Nostra, fue detenido mientras esperaba en su coche en un semáforo, gracias a un soplo de un informante de la policía. Totò Riina murió en 2017, anciano, enfermo de cáncer y sin haber mostrado nunca un ápice de arrepentimiento, en la cárcel donde cumplía cadena perpetua. Giovanni Brusca, que había sido condenado a 30 años de cárcel por activar la bomba que mató a Falcone, fue puesto en libertad el año pasado, cinco años antes de lo previsto, tras beneficiarse de una reducción de pena por haber colaborado con la justicia.

Tras la muerte de Falcone, «creció enormemente la conciencia de la peligrosidad de las mafias, pero también la atención de la política y de las instituciones. Italia se dotó de instrumentos muy sofisticados y avanzados para combatir el crimen organizado, algunos ideados por el mismo Falcone, como por ejemplo la DIA -Dirección de investigación antimafia-, un organismo que reúne a las mejores competencias en los distintos cuerpos de la policía para investigar a las mafias a nivel nacional», explica Sciarrone, quien subraya que a partir de ese momento la mafia siciliana empezó a perder poder y, quizás por eso, «a cambiar de estrategia«.

«Hoy en día recurre mucho menos a la violencia, prefiere adoptar los métodos de la corrupción o buscar alianzas para infiltrarse en la economía legal», explica Sciarrone. Además, con el foco de la justicia puesto durante los 90 en la Cosa Nostra y Sicilia, la mafia calabresa, la ‘Ndrangheta, aprovechó la ocasión. «Ahora tienen posiciones dominantes en el narcotráfico y, sobre todo, es el grupo criminal que ha demostrado mayor capacidad de expansión territorial, tanto hacia las regiones del norte de Italia como hacia el extranjero», concluye Sciarrone.

Seis años antes de morir, en febrero de 1986, Giovanni Falcone logró juzgar a casi medio millar de acusados vinculados a la Cosa Nostra. La sala donde tuvo lugar el Maxiproceso de Palermo tardó siete meses en construirse. Era un enorme búnker de hormigón, capaz de soportar ataques con un misil. Por primera vez, los jueces italianos combatían la organización mafiosa como la gran estructura que era. Los casi dos años de audiencias se saldaron con 19 cadenas perpetuas y 2.265 años de cárcel para distintos jefes y ‘soldados’ de la mafia. Italia tardó más de 30 años en volver a celebrar un juicio de semejante magnitud. Fue en 2021 y los más de 350 presuntos mafiosos y funcionarios corruptos acusados estaban vinculados a la ‘Ndrangheta. Ese proceso aún no ha concluido.

La mafia no es invencible, tiene un principio y tendrá un final, había dicho Falcone. La frase no terminaba ahí: «Más bien, debemos darnos cuenta de que es un fenómeno terriblemente grave y que se puede ganar, no exigiendo heroísmo a los ciudadanos indefensos, sino comprometiendo en esta batalla a las mejores fuerzas de las instituciones». Treinta años después, la batalla continúa.