Sexismo en el deporte: romper con el bikini, un pequeño paso hacia la igualdad y el fin de la cosificación

Sexismo en el deporte: romper con el bikini, un pequeño paso hacia la igualdad y el fin de la cosificación

El sexismo en el deporte es una lacra a erradicar que ha acompañado a las disciplinas practicadas por mujeres a lo largo de la historia. Desde la cosificación al paternalismo y la condescendencia con el que a menudo son tratadas y, en casos muy extremos, los abusos emocionales y físicos cuyos casos se cuentan por cientos. A ese machismo cultural hay que añadir una manifestación sexista que ha copado titulares estos últimos días: la vestimenta. 

Es habitual en las disciplinas femeninas ver a las deportistas ligeras de ropa, lo cual sería perfecto si se debiera a una elección personal; el problema es que se trata de una imposición.

Precisamente por la obligatoriedad de la norma se alzaron en protestas las jugadoras de la selección noruega de balonmano playa durante los pasados Juegos Olímpicos de Tokio 2020, cuando decidieron salir a jugar en pantalones cortos. Entonces, la respuesta de la organización fue sancionarlas; tres meses después, la Federación Internacional de Balonmano ha decidido eliminar el código de vestimenta: pueden llevar bikini, pero sólo si ellas quieren. Un pequeño triunfo en un maratón de batallas.

La norma del bikini viene de lejos

No es la primera vez que durante una cita olímpica el debate de la vestimenta sexista salta a la palestra. Justo antes de Londres 2012, las normas para las jugadoras de voley playa levantaron gran polémica al estar obligadas a lucir un bikini cuya tira lateral -es decir, la que cierra en la cadera- no podía ser más ancha de 6 centímetros. Llegados los Juegos se amplió la gama ´de uniformes y se eliminó el carácter obligatorio.


SportYou | EFE

«Son atletas, pero atletas hermosas»

El conflicto, que a lo largo de la historia ha salpicado a numerosos deportes desde los más masivos hasta los minoritarios, se agrava cuando sin tapujos y bajo la influencia de un machismo cultural endémico en la sociedad se aportan justificaciones tales como «sí, son grandes atletas pero también atletas muy hermosas y no hay razones para no mostrarlo». Estas palabras corresponden a Patrick Baumann que, en el momento de pronunciarlas, era secretario general de la Federación Internacional de Baloncesto. 

Un ejemplo parecido lo encontramos en la federación internacional de bádminton que también justificó la obligación de que las jugadoras llevaran sí o sí falda o vestido en lo «atractivo» que eso era para el deporte. 

El derecho a elegir

Los avances, lentos pero esenciales, contribuyen en un contexto global no sólo a que la lacra de la desigualdad poco a poco desaparezca, sino a que se entienda de una vez por todas que la libertad de elegir debe ser sin peros uno de los derechos fundamentales en el deporte femenino. Para evitar casos como los anteriormente citados o el opuesto, el de la campeona paralímpica de salto de longitud Olivia Breen que fue criticada por llevar un pantalón demasiado corto.

«Dudo sobre si a un hombre se le habría criticado de manera similar por su vestimenta, espero que otras mujeres del mundo del deporte no tengan los mismos problemas que he tenido yo», dijo, en las semanas previas a la cita olímpica de Tokio. 

Se trata de evitar la cosificación, de dejar atrás para siempre la idea de que una mujer deba jugar ligera de ropa porque es mujer y debe lucir su cuerpo, dejando libertad de elección en función de la comodidad necesaria para el buen desarrollo de la actividad deportiva. 

El Consejo Superior de Deportes intervino en España

En 2014, el Consejo Superior de Deportes (CSD), que ha avanzado mucho en tareas de igualdad en los últimos años con estrategias, subvenciones y planes para fomentar el deporte igualitario, intervino tras detectar normas sexistas en algunos códigos de vestimenta de federaciones internacionales, como el citado de la federación de balonmano.

Se abrió así la puerta en nuestro país a la libre elección de uniforme dentro de una gama preestablecida. Es decir, llevar bikini si se quiere o pantalón si así se desea: las mujeres, como los hombres, son deportistas, no modelos.