Primero de mayo: la revolución cubana se pasea y reprime a la vez

Primero de mayo: la revolución cubana se pasea y reprime a la vez

Cuba El castrismo busca «derrotar» al 11-J con un multitudinario Primero de Mayo

«Pintamos juntos el paisaje de la unidad y la continuidad. El paisaje de una revolución en el poder». El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, consiguió el objetivo que buscaba el castrismo con el Primero de Mayo celebrado hoy, un baño de masas para aparentar que han recuperado la calle perdida. Poco importaba cómo conseguirlo, porque el músculo popular de la revolución contiene toneladas de doping político, desde la inducción a marchar a través de ministerios, centros de trabajo, universidades, colegios y organismos públicos hasta la operación de represión contra los que disienten.

Como si de un enorme ejército se tratara, partidarios y compañía desfilaron una vez más por las vías habaneras hasta la Plaza de la Revolución bajo el lema «Cuba vive y trabaja». Miles de banderas y muchas consignas, no faltó casi nada en el habitual menú gubernamental incluidos los autobuses para trasladar a los manifestantes, los mismos vehículos que con tanta dificultad se encuentran en las calles del país.

«El Primero de Mayo es importante para mantener el control político. También es un pulso contra la opinión pública internacional que clama por la libertad de los apresado y, en especial, de los menores. La presión llega hasta los propietarios de pequeños negocios privados que son todo lo que contrario del proletariado», explicó el analista Álvaro Alva a EL MUNDO.

Una fiesta revolucionaria que se multiplicó por todo el país mientras periodistas independientes y activistas volvían a sufrir la ira gubernamental. Algunos de ellos fueron detenidos, como Henry Constantin y Neife Rigua, mientras la mayoría ni siquiera podía salir de sus casas amedrentados por las fuerzas represivas.

«Ya no saben qué hacer para mantener su mentira a flote», se quejó Julio César Góngora, dirigente de Somos +, a quien la Seguridad del Estado le acosó pese a necesitar de una silla de ruedas para desplazarse.

«Lo que se juegan es la necesidad de relegitimarse, necesitaban un baño de masas para mandar un mensaje dentro y fuera de que el régimen cuenta con la legitimad perdida el 11-J. Por ello reforzaron su máquina represiva, muchos activistas han recibido la visita de policía política para que no salgan», confirmó a este periódico Manuel Cuesta Morúa, coordinador de Arco Progresista y vicepresidente del Consejo para la Transición Democrática.

Especial énfasis en esta «batalla de las ideas» de la revolución se le volvió a dar en las redes sociales, un territorio que sirve para demostrar el hartazgo ante un régimen que cumple más de seis décadas en el poder y que también se convirtió en la cuna de las protestas: primero con memes que martilleaban la gestión política y social del gobierno y luego como el ágora virtual donde los disidentes se organizaron para protestar contra Díaz-Canel.

Grupos de jóvenes consiguieron en vísperas de la marcha hacer viral una frase muy cubana, resumida en las siglas DPEPDPE (de pinga en el país de pinga este), que no sólo cabalgó por las redes, también apareció impresa en camisetas rebeldes. «Ingenio contra censura», sentenció el dramaturgo disidente Yunior García Aguilera.

La importancia de la prueba de ayer la marcó la presencia en la Plaza de la Revolución del «General de Ejército» Raúl Castro, a punto de cumplir 91 años y que reapareció con fuerza ante la opinión pública desde las primeras horas del 11-J, la rebelión popular del año pasado. Esta misma semana Raúl ha incumplido una de las normas que él mismo impuso en 2017 para situar al octogenario general Ramón Espinosa en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), jefe durante años del ejército en el oriente de la isla. El límite para entrar en el órgano directivo son 60 años.

«El regreso de Espinosa echa por tierra la tesis de que Raul no manda u ordena. Los militares mantienen la dirección del país. Los planes de los llamados tecnócratas no han cuajado o dado los frutos necesarios. Vuelven los uniformes verdeolivos a controlar el discurso político», descifró para EL MUNDO el analista Alva.