Pedro y la realpolitik

Pedro y la realpolitik

Oí hablar por primera vez de la realpolitik hace años. Creo que fue cuando el presidente Nixon fue a ver a Mao-Tse-Tung, en 1972. Un auténtico encaje de bolillos del Secretario de Estado Kissinger.

En general, la realpolitik me gustaba. Nunca había profundizado en su significado, quizá porque me caía un poco lejos. Me gustaba porque era una maniobra audaz, ir a ver al ‘enemigo’ a su casa para hablar de todo, cara a cara.

Estos días vuelvo a oír hablar de la realpolitik, política realista. Y lo hago con motivo de la cena a la que Mohamed VI ha invitado a Pedro Sánchez, cena de premio por haber dejado en la estacada a los saharauis occidentales y haber escrito que lo que quería Mohamed era lo que tenía que ser y a quién se le ocurre pensar otra cosa. Por eso he intentado enterarme de qué va el asunto,

Por lo que veo, no es cosa de ahora. Hablan de Tucídides (siglo V antes de Cristo) como partidario de ignorar los criterios éticos y religiosos para asegurar el éxito político. Y quizá Tucídides le copió a un chino antiquísimo, Sun Tzu, que pensaba lo mismo. Luego apareció Maquiavelo, un chico muy majo, que decía que la única preocupación de un gobernante debería ser la de buscar y retener el poder para su beneficio, y que las consideraciones éticas o religiosas eran inútiles para este fin. Luego vino Richelieu, que también era un pájaro al que había que dar de comer aparte y de siglo en siglo, llegamos a Bismarck, que fue el que utilizó por primera vez la palabra.

O sea, que Pedro no ha inventado nada. Se ha apuntado al tren que pasaba y ha conseguido que le inviten a la cena, que debe ser una señora cena, porque es la que se celebra al final del Ramadán. Y esa cena, en el palacio real, seguro que es lo nunca visto. O sea, si pensáis que en lo que escribo hay una cierta dosis de envidia de la mala, igual no andáis muy equivocados.

No sé si ha conseguido más cosas, porque a Mohamed le apetecen Ceuta, Melilla y ahora también las Canarias y de eso no ha puesto nada en el compromiso que ha firmado. Un olvido, sin duda, muy comprensible. (Yo, si fuese Mohamed, también me hubiera olvidado).

Por cierto, vivimos del gas argelino. Dicen que Argelia habla de subir el precio. Por lo pronto, ha llamado a su embajador.

A estos argelinos no hay quien les entienda.