Los coches usados valen más que los nuevos en EEUU por el desabastecimiento

Los coches usados valen más que los nuevos en EEUU por el desabastecimiento

Ivan Drury, analista de Edmunds.com, lo explicaba el verano pasado en una entrevista con The Wall Street Journal. «Todo lo que creías saber sobre la compra de automóviles el año pasado, hace dos años, hace seis años, sin importar el tiempo que lleves en el mercado, ha cambiado». Ahora, con la inflación por las nubes en Estados Unidos y la incertidumbre derivada de la guerra en Ucrania, el comentario es aún más válido. Tanto así que se empieza a normalizar la noción de algo inconcebible en otras circunstancias: que valga más un coche de segunda mano que uno nuevo.

Hay incluso listas en internet de los vehículos usados más cotizados, a la venta por bastante más dinero que recién salidos de fábrica. En California, modelos como la Chevy Trailblazer, el Ford Bronco Sport, el Tesla Model 3 o el Corvette están en lo alto de lo tabla, con el Mercedes Benz G-Class ocupando el primer lugar de ese Top 5. Se pagan un 35,6% por encima de su precio original, es decir, unos 62.000 dólares.

El cambio de paradigma es producto de la tormenta perfecta que ha sacudido el mercado automovilístico en el último año. Por un lado, la pandemia y la escasez de microchips que causó graves problemas en la cadena de producción a nivel mundial.

Y por otro, los precios históricos de la gasolina, que no solo han encarecido el transporte y los materiales, sino que han disparado la urgencia de muchos usuarios de optar por modelos con un menor consumo de combustible. El problema es que en lo concesionarios los coches entran con cuentagotas. Y que se pagan a precio de oro, muy por encima de su valor original.

Antes de la pandemia casi nadie soltaba un dólar más por encima del valor real del coche. En enero de 2022, un 82% se vio obligado a hacerlo para quedarse con el automóvil, de acuerdo a Edmunds, una señal inequívoca del nuevo esquema que impera en la industria. Es una práctica que no agrada a las marcas pero ante la que no pueden hacer demasiado. Son los concesionarios los que manejan el importe final, protegidos por leyes estatales para franquicias y justificando la escasez de vehículos para cobrar entre 35.000 y 40.000 dólares más en muchos casos, y hasta 80.000 dólares en el caso de los modelos de lujo.

Hay versiones encontradas al respecto, entre los que defienden hacer su agosto con la situación, por una simple cuestión de oferta y demanda, y los que creen que cobrar más puede dañar su reputación de forma permanente. Después están los usuarios que han sabido sacar ventaja del momento, los que pudieron comprar antes de los cuellos de botella logísticos y están en posición de sacarle beneficio al vehículo, haciendo trizas la máxima histórica de que los coches son una mala inversión incluso un día después de haberlos estrenado.

Es el caso de David Schutte, un residente de Arlington, Virginia, que compró un Mazda 2017 con 27.000 kilómetros por 18.000 dólares en 2020, y que ahora sabe que vale 23.500 dólares. La cuestión es si vender o no vender, expuesto a encontrarse con un sinfín de problemas para conseguir un reemplazo por una cantidad razonable.

Es un panorama insólito que además podría agravarse si el conflicto de Ucrania no termina pronto. El inventario ha tocado mínimos históricos y no hay visos de cambio a corto plazo.En septiembre de 2021 había 885.773 vehículos disponibles a la venta, una cifra que ha subido hasta 1,1 millones de unidades en enero pero que sigue siendo un tercio del nivel habitual. Eso explica que hayan desaparecido los habituales descuentos que le ahorraban al consumidor entre 1.000 y 10.000 dólares con respecto al importe marcado en la ventanilla del coche. Los incentivos generosos y atractivos, de momento, son cosa del pasado.

El mercado actual obliga a estar preparado para negociar con los vendedores e incluso a viajar a otros Estados para lograr un monto razonable. La diferencia entre California y Nevada puede ser hasta de 8.000 dólares en algunos modelos. Pagar un billete de avión de menos de 100 dólares por volar hasta Las Vegas y los 500 kilómetros de vuelta compensan pese a todo, incluso con los precios de la gasolina superando los 6 dólares por galón -1.43 euros por litro, aproximadamente- en muchas estaciones de la costa Oeste.

Los aparentes ganadores en esta crisis, además de los concesionarios, son los coches eléctricos. La demanda es mayor que nunca, pese a la escasez de inventario. Son muchos los clientes dispuestos a esperar meses en la entrega y pagar una media de 15.000 dólares que un modelo de combustión.

«¿Están los concesionarios listos? Sí. Estamos emocionados. Vamos con todo con los eléctricos», dice Mike Stanton, presidente de la Asociación Nacional de Concesionarios de Automóviles. Solo en Los Angeles, el interés por un modelo a pilas se ha disparado un 40% en el último mes, de acuerdo a Edmunds. El problema es no saber cuánto más habrá que pagar para poder conducir uno. La lucha por comprar un coche, nuevo o usado, se ha vuelto encarnizada a este lado del Atlántico.