La Grecia ‘verde’ también gira hacia el gas: explorará yacimientos para reforzar su independencia energética

La Grecia ‘verde’ también gira hacia el gas: explorará yacimientos para reforzar su independencia energética


GUILLERMO DEL PALACIO

Actualizado Miércoles,
13
abril
2022

00:45

La crisis energética y la guerra en Ucrania han hecho que Grecia vuelva a retomar sus planes para convertirse en productor y exportador de gas. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, confirmó esta idea, que permitiría a la nación entrar en la reciente carrera por el gas, considerada una fuente de energía ‘verde’ en la nueva taxonomía europea.

Mitsotakis explicó recientemente que «acelerar la explotación de los recursos energéticos nacionales del país» les permitiría «potenciar» su independencia y seguridad energética. Eso sí, en el caso de que sean «afortunados» y dispongan de «terrenos explotables de gas natural». La idea es saber antes de que finalice 2023 si existen estos recursos, si bien de momento el Gobierno se muestra «optimista» al respecto y se calcula que las reservas podrían contener cientos de miles de millones de metros cúbicos de gas.

Actualmente Grecia, como ocurre con gran parte de los países de la Unión Europea, depende en gran medida del gas ruso, que cubre en torno al 40% de su demanda. Bruselas quiere reducir esta dependencia y aumentar las reservas de cara al próximo invierno.

Además, apenas produce gas natural. Tanto es así, que ni siquiera aparece individualmente en el informe anual que publica BP, donde, según los últimos datos, la producción conjunta de gas natural en Europa sin contar con los principales extractores (Alemania, Dinamarca, Italia, Noruega, Países Bajos, Polonia, Reino Unido, Rumanía y Ucrania) es de 6.300 millones de metros cúbicos. Por comparar, sólo cuatro de las naciones citadas anteriormente tienen una producción menor a nivel individual.

Sin embargo, su consumo sí es considerable, con 5.700 millones de metros cúbicos en 2020 y un incremento del 9,7% en ese último año registrado respecto al anterior. Supone un 0,1% de las reservas mundiales, lo que pone a Grecia en el entorno de Finlandia, Noruega, Nueva Zelanda, Sudáfrica o Suiza.

El Ejecutivo se ha marcado el objetivo de descarbonizar el país en los próximos años. La idea es que en 2030 se hayan reducido las emisiones en un 56% respecto a 2030 y que para 2050 se alcance la neutralidad. Para ello, se han realizado subastas de solar y eólica -la Asociación Internacional de la Energía reconoce un «fuerte despliegue de estas tecnologías- y se exploran otros proyectos, como la eólica marina.

En cualquier caso, el Gobierno heleno no es el único que quiere colocarse en una buena posición de salida antes de empezar a correr en esta nueva carrera por el gas. La propia España sería su rival, aunque no como productor, sino gracias a su gasoducto para el gas argelino y sus puertos para el combustible que llega en buque de cualquier parte del mundo. Una posición considerablemente privilegiada y más cortoplacista -y, por el momento, sensata- que los planes de Elon Musk para convertir la España vaciada en una gran granja solar

Italia también ha movido ficha y firmó recientemente un acuerdo para traer aún más gas procedente de Argelia. En concreto, abastecerá 9.000 millones de metros cúbicos anuales más a partir de 2023 y 2024. En total, una compra anual por gasoducto de 30.000 millones de metros cúbicos.

La búsqueda del todavía preciado bien tendrá lugar en las aguas del mar Jónico al oeste del país y en la zona occidental de Creta, según adelantaron fuentes gubernamentales a Reuters la semana pasada. No es la primera vez que Grecia se plantea esta posibilidad, pero no llegó a concretarlos debido al bajo precio que alcanzaron los hidrocarburos antes de la crisis energética y a la clara apuesta europea por las renovables. Ahora ambas variables tienen un asterisco.

En la transición a las energías renovables, el gas es una solución medioplacista. Según la Unión Europea, es ‘verde’; según sus emisiones, no lo es. La polémica con la nueva taxonomía venía por este combustible y por las centrales nucleares, que tendrán consideración de renovables de cara a inversiones, ayudas y fondos durante los próximos años, precisamente para favorecer esa transición. De este modo, se facilita que se abandonen soluciones más contaminantes al tiempo que se da apoyo a las renovables tradicionales, que todavía tienen difícil suplir las necesidades del mercado energético, especialmente cuando no hay sol o viento, pues aún no es posible almacenar la electricidad que producen de forma eficiente.

En el caso de Grecia, el Gobierno de Mitsotakis no quiere renunciar a sus planes -que son los de la UE- de potenciar las renovables y reducir las emisiones. De nuevo, atendiendo a la taxonomía, podría entenderse incluso como un impulso de esta idea.

La principal peculiaridad del gas es que alimenta las centrales de ciclo combinado, que son las que acuden al rescate del sistema energético cuando está tensionado, pues funcionan de forma casi inmediata. En el ámbito renovable, únicamente la hidroeléctrica es similar, y, además de repercutir en ellas, depende de las reservas de los embalses. Incluso en un aun inexistente país que tuviese su demanda energética cubierta por una fuente como la solar, cuando se hace de noche el sistema no tiene forma de cubrir un pico de demanda si no es con el gas.

La principal alternativa, obviando la nuclear (que también es ‘verde’ si atendemos a la taxonomía), serían las centrales de carbón. Sin embargo, son mucho más lentas y contaminantes, por lo que se está acelerando su salida del ‘pool’.