La banca digital no tiene edad

La banca digital no tiene edad

ÁNGEL PEÑA

Actualizado Lunes,
15
noviembre
2021

01:24

La vida nos desborda. Quienes ya vamos teniendo una edad más o menos confesable pudimos vivir anoche mismo el vértigo de pagar la cuenta del bar con un teléfono móvil y al mismo tiempo recordar (tampoco hace tanto) unas finanzas en la que todos los cajeros eran de carne y hueso y las cuentas corrientes se manifestaban en crujientes cartillas de papel. Pese a lo entrañable que nos pueda resultar lo segundo, lo primero es un avance evidente… e inevitable. No queda más remedio que actualizarse y abrirle la puerta a la banca digital. Nunca es tarde para aprender: como decía aquel anuncio, no pesan los años, pesan los kilos… en este caso de prejuicios y miedos.

Merece la pena. José Miguel Lorente Ayala, director de Instituciones de Banco Santander en la Comunidad Valenciana y Murcia, destaca entre las ventajas de la digitalización de los productos y servicios financieros el «poder realizar operaciones en cualquier momento y en cualquier lugar» y las «mejores condiciones que en la banca tradicional, por ejemplo, en el capítulo de comisiones», además de «la ayuda en la gestión de las finanzas personales».

En la otra cara de la moneda aparece «la inseguridad que puede producir en la población de mayor edad no habituada a trabajar con ordenadores o con teléfonos móviles, lo que puede llegar a producir bolsas de exclusión financiera digital». Para combatir esta acechante posibilidad y maximizar aquellas ventajas, Lorente ha participado como formador voluntario de la entidad en el curso «Alfabetización financiera digital para adultos mayores», del proyecto DEFINE para la educación financiera, cofinanciado por el Programa Erasmus + de la UE y al que se ha sumado Banco Santander gracias a un acuerdo con la Universidad de Alicante.

El momento, además, se antoja especialmente propicio. Como explica Lorente, el coronavirus ha acelerado aún más el proceso. Muchos de los asistentes al taller en el que participó Lorente «llegaron a la banca digital forzados por la pandemia y por sus hijos y familiares, que les recomendaron no salir a la calle a realizar las gestiones bancarias y les descargaron las apps móviles y webs en el teléfono móvil y el ordenador, respectivamente». En general, aunque la mayoría ya tenía contacto con la banca digital, «eran usuarios básicos, desconocían gran parte de sus funcionalidades».

La experiencia en estos casos resulta especialmente ardua «en aquellas personas mayores que han tenido un contacto nulo o mínimo con la tecnología, a las no les resulta sencillo utilizar el servicio online y, además, no sienten que cubra sus necesidades. Es un proceso gradual, que deben iniciar acompañados por alguien que les vaya ayudando, para que vayan adquiriendo las destrezas y la confianza con la que afrontar con seguridad este proceso. La ausencia del trato personal por parte de la entidad financiera supone un gran choque cultural y, aunque la banca digital es segura, como cliente tienen que guardar unas ciertas normas de seguridad, por ejemplo, la creación de unas claves sólidas y su custodia».

Manejar su dinero en un escenario extraño genera estrés. Lorente pudo sentir «el miedo a equivocarse y realizar alguna transacción que les perjudique financieramente. La confianza siempre ha sido algo absolutamente necesario en el sector bancario y en las finanzas en general. Además, la confianza en la banca digital está ligada a la seguridad que el cliente perciba en los canales online, y las continuas noticias que aparecen en prensa sobre intentos de fraude, la menoscaban».

En el curso, explica, se ha formado y aconsejado a los seniors sobre las principales brechas de seguridad, como «la descarga de páginas webs fraudulentas, los ataques de tipo phishing, que solicitan datos bancarios mediante correos electrónicos falsos, o la recepción de correos electrónicos con archivos adjuntos que contienen virus que provocan la descarga de malware». Esta última práctica, recuerda Lorente, también conocida como secuestro de datos, dio lugar a una escena particularmente entrañable en el taller, cuando uno de los alumnos la comparó con el secuestro de una nieta.

Además de perder miedos y ganar confianza, los asistentes también van descubriendo nuevos horizontes. «Especialmente significativo es el éxito que ha tenido Bizum en España en muy escaso período de tiempo, ya cuenta con 18 millones de usuarios activos en todos los grupos de edad, y el grupo de población senior ha incrementado notablemente su uso». Y entre lo que está por venir, «han empezado a destacar y continuarán creciendo todos los medios de pago alternativos, los relacionados con dispositivos móviles como el móvil o el reloj, y el pago con monederos electrónicos».

Lorente sostiene que la mejor forma de animarse a zambullirse en todo este nuevo panorama consiste en «dedicarle tiempo individualmente a descubrir y conocer las apps en profundidad, usándolas de forma gradual para ir ganando seguridad en el manejo de la misma». Entre lo que fueron descubriendo en el taller, Lorente recuerda que «les gustó mucho la funcionalidad, que desconocían, de apagar temporalmente la tarjeta cuando no las encontraban y no estaban seguros de haberlas perdido, ahorrándose darlas de baja por si finalmente terminaban encontrándola».

Pequeños trucos que se enmarcan en una gran ambición. «La inclusión financiera, contribuye de manera directa a siete de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas para 2030», recuerda Lorente, «y, en estos momentos, la digitalización también está en el centro de estas políticas. Todo para conseguir que nadie se quede atrás».

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