Henrietta Boggs, la estadounidense que rechazó la segregación de su país y ayudó a cambiar Costa Rica

Henrietta Boggs, la estadounidense que rechazó la segregación de su país y ayudó a cambiar Costa Rica
María Fernanda Cruz ChavesBBC News Mundo

22 minutos

Fuente de la imagen, Spark Media y familia Figueres

El costarricense José Figueres Ferrer y su esposa, la estadounidense Henrietta Boggs, solían dar largos paseos por México en busca de nuevos negocios, nuevas formas de trabajar la tierra y, sobre todo, traficantes de armas.

Eran los inicios de los 40 y Figueres aún no era la figura política que llegaría a ser, quien pasaría a la historia como el gobernante que abolió el ejército en Costa Rica.

Por aquel entonces era un empresario en el exilio. Lo había expulsado el gobierno del presidente Rafael Ángel Calderón Guardia luego de un incendiario discurso radial en el tachó al gobierno de corrupto y negligente y le exigió la renuncia en bloque.

Y Boggs (Alabama, 1918-2020) era su esposa veinteañera, futura madre de sus hijos, quien había llegado a Costa Rica asqueada de la segregación racial y el conservadurismo del sur de Estados Unidos.

Durante su estancia mexicana, ir a los canales de Xochimilco y hacer picnics era uno de los aparentes pasatiempos del matrimonio. Aparentes, porque el propósito era doble: en algún punto, alguien se acercaría a ofrecerles «flores», que en realidad eran armas.

«Éramos el alma de la respetabilidad: el cuidadoso hombre de negocios (y) su esposa embarazada que aparentemente no estaba involucrada en nada fuera de los asuntos del hogar», contó ella en su libro autobiográfico «Casada con una leyenda», publicado en 2017.

Fuente de la imagen, Cortesía de Spark Media y familia Figueres.

Como tapadera, se valían de una supuesta exportadora de cerámica. «Quién iba a sospechar que (Pepe) pasaba tantas horas al día como podía configurando una red de contactos a través de los cuales rastreaba a los traficantes de armas», agregó en el libro.

Aquellas armas las enviaría más tarde en cajas de cerámica y las utilizaría en 1948, ya de regreso en Costa Rica, en la guerra civil.

El conflicto duró 44 días y los analistas coinciden en que fue el evento clave que le devolvió al país su democracia y la convirtió en una más estable y duradera.

Sin embargo, Henrietta, quien atestiguó la gestación de esa segunda república, fue hasta hace muy poco considerada una primera dama más en la línea del tiempo del pequeño país centroamericano.

La fama en Costa Rica le llegó en sus últimos años de vida.

Fuente de la imagen, Cortesía de Spark Media

En 2016, la documentalista y ganadora de un Emmy Andrea Kalin produjo un largometraje sobre su vida, First lady of the Revolution («Primera dama de la revolución»).

Y en septiembre de este año, la compañía Teatro Espressivo lanzó un musical que lleva su nombre y que arrasó en la venta de entradas en el Teatro Nacional.

Este interés no deja de causar suspicacias entre quienes creen que se trata de una estrategia para devolver a la palestra a Liberación Nacional, el partido político que fundó Figueres luego de la revolución.

¿Pero quién fue esta mujer que murió y renació de repente en medio de una pandemia mundial?

«La macha» de la Lucha Sin Fin

Boggs nació en la pandemia de 1918 y murió por covid-19 en 2020.

En esos 102 años vivió una vida rebelde y casi teatral, dice su hija Muni Figueres. «Era una gran seductora. Ella decía que había que seducir a la vida», recuerda.

En su adolescencia en Birmingham, Alabama, se escapaba de las largas jornadas religiosas de los domingos, se compraba un refresco y se sentaba a fumar hasta que terminara la misa. Luego le recitaba a sus padres alguna parte del sermón, «porque siempre decían lo mismo».

Fuente de la imagen, Cortesía de Spark Media y familia Figueres

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Sentía que había mucha vida fuera del «encierro presbiteriano» en el que vivía.

Había visto durante años sellos y estampas en las cartas de sus tíos de Costa Rica. Cuando tuvo edad suficiente, se subió en un barco y se fue allá, prometiéndose nunca volver Birmingham — un lugar en el que se referían a las personas negras despectivamente como those niggers, explicaba en su libro—.

Para cuando se conocieron, Don Pepe, de 34 años,había amasado una buena fortuna.

Hijo de un médico catalán, había estudiado en Estados Unidos, tenía una finca en medio de las montañas de la meseta central de Costa Rica y hacía negocios con los tíos de Henrietta.

Durante semanas, la llevó a recorrer barrios y montañas en su motocicleta Harley Davidson, hasta que un buen día le propuso matrimonio sin ademán romántico alguno.

«Deberíamos casarnos», le dijo casualmente antes de subir al Irazú, el volcán activo más alto de Costa Rica. «Casarse conmigo será peor que este volcán, pero nunca te vas a aburrir», le prometió y remató con un «pero una mujer joven está mejor con marido que sin él».

Así lo contó Henrietta en su libro autobiográfico, en el que admitió además que en aquel momento no estaba enamorada y que nunca fingió estarlo. Le atraía su intelecto «y quizás, subconscientemente, cuánto poder» tenía, escribió.

«Yo lo admiraba y sentía que la vida con él sería fascinante, repleta de oportunidades».

Unos meses más tarde se casaron sin aspavientos en la alcaldía municipal, y se fueron luna de miel a la finca de don Pepe, La Lucha Sin Fin.

Cabalgando bajo la lluvia torrencial de octubre por un camino lodoso y peligroso, Henrietta se arrepentiría una y otra vez de haberse casado. De pronto, Alabama ya no parecía tan mala idea.

En La Lucha, cuyo principal cultivo era la cabuya, vivió bajo la mirada curiosa, aunque amable, de los trabajadores de la casa y de la finca, quienes la llamaban «La macha» (como se les dice en Costa Rica a las personas rubias).

Figueres no era político ni reconocido, pero Henrietta cuenta que un día, en 1942, regresó de un viaje de negocios indignado.

Costa Rica se había alineado contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial y un barco bananero había sido atacado por un submarino alemán en la costa Caribe del país, dejando varios muertos. El evento se sumó al descontento contra Calderón Guardia y San José, la ciudad capital, se alzó en protestas que terminaron en vandalismo.

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Después de ese episodio, él empezó a hablar cada vez más de política y Henrietta se convirtió en su principal interlocutora intelectual, afirma Muni Figueres.

En su libro, Henrietta contó que empezaron a pensar cómo podrían difundir su preocupación, y que fue ella quien le recomendó ir a la radio a dar un discurso: «Cada tienda y cada bar tiene un radio en este país. Vas a llegarle a más gente».

Aunque Figueres no pertenecía a ningún partido, ese discurso lo catapultó como líder político, considera el investigador histórico Rodolfo González, y también lo llevó al exilio.

Durante su intervención, la policía irrumpió y se lo llevaron a prisión. Henrietta recogió el episodio en su libro y explicó que fue a ella a la única a la que permitieron visitarlo en la cárcel.»Si me mandan al exilio, ¿vendrías conmigo?», contó que le preguntó él.

Vivieron dos años desterrados y, cuando Costa Rica cambió de presidente, regresaron, él ya como figura política.

Desmitificar al héroe

En sus escritos y entrevistas, Henrietta narró los sucesos del 48 y describió a Figueres como nadie antes: desde un punto de vista íntimo de quienconvivió con el famoso político. Con «unos lentes femeninos para ver la historia», describe Andrea Kalin, directora del documental.

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En su libro, Henrietta recordó a Pepe como un hombre obsesionado con el poder, un padre autoritario y un esposo descuidado. Aunque al principio del matrimonio hubo «química intelectual», dijo, «era un machista y sentía que las mujeres no deberían participar tan íntimamente en asuntos de gobierno».

Sin embargo, también lo describió como un estatista visionario y un político convincente, excepcional.

Figueres planificó la revolución durante años. Pero entre los detonantes estuvo el fraude electoral en las elecciones de febrero de 1948.

En aquel contexto, empezaron a llegar hombres a La Lucha sin Fin, recordó Henrietta. Dormían en los patios, en la hacienda. Y cuando estalló la guerra, Figueres salió sigiloso en la madrugada y la dejó allí con sus dos hijos, Muni de 3 años y José Martí de 5, sin darle aviso previo.

Madre e hijos pasaron semanas en las montañas heladas del valle Central, refugiados en ranchos de campesinos aliados, entre barricadas.

Fuente de la imagen, Cortesía de Spark Media y la familia Figueres

La revolución terminó en cinco semanas y le siguieron dos años de gobierno de facto de la Junta Fundadora de la Segunda República, presidida por su esposo.

En ese tiempo, Henrietta se encargó de atender embajadores y asistir a eventos, pero se sentía aislada de su marido, completamente ignorada por él. «Cada vez más marginada».

Son detalles que complementan la historia y, algunas veces, desmitifican lo que en Costa Rica es casi un tesoro nacional imaginario.

Contó, por ejemplo, que la conocida abolición del ejército de Costa Rica en diciembre de 1948 no fue solo un acto progresista para entregarle los recursos al Ministerio de Educación Pública. Según ella, fue también una forma de Figueres de protegerse de quienes podrían volverse en su contra.

Fuente de la imagen, Cortesía Spark Media y familia Figueres

Los últimos años de matrimonio fueron «una pesadilla» para ella, pero siguió con su papel de primera dama e insistiendo a Figueres sobre temas como el voto de las mujeres.

De hecho, el documental y el musical sugieren una fuerte influencia de Henrietta en la instauración de este derecho en la Constitución de 1949, aunque historiadores como Rodolfo González subrayan que fue realmente un logro de la Liga Feminista, que llevaba 40 años luchando por ello.

«Ella nunca quiso atribuirse ese logro», aclara Muni Figueres. «Yo solo insistí», había dicho Henrietta en su documental.

La dramaturga del musical, Denise Duncan, subraya el hecho de que optara por divorciarse de Figueres en plena década de los 50. «Decide no quedarse en un lugar donde no es feliz, por encima de las convenciones sociales».

Fuente de la imagen, Cortesía de Spark Media y familia Figueres

Fue cuando dejó el país y se fue a Nueva York, a trabajar como secretaria del representante permanente de Costa Rica ante Naciones Unidas.

Pero su inusual historia no acaba allí.

Según el diario The New York Times, regresó a Alabama en 1956 para unirse a la lucha por los derechos civiles de los afroestadounidenses.

Sus últimos años los dedicó a escribir, con su elegancia y su sentido del humor intactos, coinciden Andrea y Muni. A los 80 fundó una revista mensual que vendió más adelante y para la cual siguió escribiendo después incluso de haber cumplido los 100 años.

¿Propaganda?

Quienes ven con suspicacia el renovado interés en Henrietta, hablan de la existencia de una agenda oculta.

Es el caso del crítico de teatro Tobías Ovares, quien fue implacable con el musical, al que calificó de «una de las piezas de propaganda política mejor elaboradas de nuestra historia».

El investigador histórico Rodolfo González, profesor en la Universidad de Costa Rica, confiesa que, aunque Henrietta le parece «un personaje fascinante», no encuentra motivos suficientes para convertirla en una «Evita Perón tica».

«Ella estuvo en lugares y momentos que no todo el mundo estuvo. Eso es muy valioso», dice. Pero añade que «no se puede perder de vista» que uno de los candidatos presidenciales para las elecciones de 2022 es un Figueres (José María Figueres Olsen, por el partido Liberación Nacional), aunque no es hijo de Henrietta.

Antes de preguntarle siquiera sobre el tema, Muni Figueres le asegura a BBC Mundo que no hay ningún «complot político». Fue ella justamente quien le mostró el libro a la documentalista y al dueño del Teatro Espressivo, productor del musical.

«Henrietta llena un vacío y es que todos los países necesitan una figura maternal y una figura paternal. A big mamaand a big papa», es la teoría de Muni. Y eso es lo que, dice ella, intentan darle a Costa Rica.

Asimismo, la dramaturga Denise Duncan niega rotundamente ser parte de cualquier tipo de propaganda política.

«Primero me corto una mano antes de votar por Liberación Nacional», dice enfática. Además, insiste, «¿cómo podemos negar el peso político de la interlocutora número uno de su esposo durante todos esos años?».

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