España coloca piezas en las unidades económicas clave de la Comisión Europea, el Consejo y el BCE

España coloca piezas en las unidades económicas clave de la Comisión Europea, el Consejo y el BCE

Banco Central Europeo El BCE ficha al responsable de previsiones del Banco de España: nombra a Óscar Arce nuevo director general de Economía

El pasado martes, los ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea designaron a la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, como la candidata del continente a presidir el Comité Monetario y Financiero Internacional (IMFC, en sus siglas en inglés), un organismo que asesora e informa a la Junta de Gobernadores del Fondo Monetario Internacional. El puesto no tiene un prestigio especialmente alto, no da un enorme poder, y en realidad muy pocos sabrían decir en qué consiste o quién preside ahora mismo el IMFC, pero es una nueva muestra de la ambición de Calviño y de que, a diferencia de la mayoría de sus predecesores, tiene un plan muy claro desde el primer día que puso un pie en el despacho, para aumentar la influencia de España en las instituciones económicas mundiales. Colocando la mayor cantidad de candidatos posibles cada vez que se abre una vacante y apostando por todos los foros existentes, como ofrecerse para albergar el primer encuentro de economía digital de la OCDE.

Aspirar a puestos no es algo nuevo. La propia Calviño, como Luis de Guindos, trató en vano de presidir el Eurogrupo, e incluso exploró la posibilidad de ser la opción del Viejo Continente para la presidencia del FMI, cuando Christine Lagarde se mudó de Washington a Fráncfort. Igualmente, dentro de la agenda de un país siempre está colocar piezas. Pero la vicepresidenta se está mostrando especialmente activa y exitosa. Hace apenas unos meses, Carlos San Basilio, dejó su puesto como secretario del Tesoro para irse a Londres, al Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Y este jueves el ministerio anunció que Isabel Riaño, la mano derecha de Calviño para todos los temas europeos, dejaba también el ministerio para convertirse en directora general de Competitividad y Comercio en el Consejo de la Unión Europea.

Riaño, con amplia experiencia en Bruselas y que estos años ha lidiado en primera persona con todas las negociaciones con la UE, en especial los planes de recuperación para la obtención de fondos comunitarios, ocupará «un puesto de gran interés por ser el de más alto nivel dentro de la administración europea y con una especial responsabilidad en la coordinación de un Consejo que aborda asuntos estratégicos para España», explica el ministerio en su despedida.

En Bruselas hay desde hace años la sensación de que España juega por debajo de sus posibilidades y de que no tiene la habilidad de algunos de sus socios para colocar a nacionales en los lugares más relevantes, en especial cuando se trata de temas económicos. Calviño, hasta hace poco directora general de la Comisión Europea, lo sabe bien. En 2019 se barajó la posibilidad de que un español ocupara la cartera de Asuntos Económicos en la Comisión, pero la silla fue a manos del ex primer ministro italiano Paolo Gentiloni, mientras Josep Borrell, que ansiaba precisamente ese último puesto antes de jubilarse, era elegido alto representante para la Política Exterior.

En un primer paso no hubo tantos españoles en los gabinetes como se hubiera deseado, pero poco a poco, tras la oleada inicial, ese déficit se ha ido corrigiendo. Hace dos meses llegó un funcionario del ministerio de Economía, Juan Antona, al equipo de Gentiloni, aliado permanente de Calviño y socialista como ella. Y ya hay al menos otros dos, Mirzha de Manuel y Alexandro Caínzos en los gabinetes de los vicepresidentes Dombrovskis y Vestager, responsables de Economía y Comercio y Competencia respectivamente. Además de Lucía Caudet, jefa de gabinete adjunta del comisario Thierry Breton, encargado de Mercado Interior.

El flanco en Bruselas está razonablemente ‘cubierto’, ahora también con Riaño en el Consejo. Y esta semana se ha conocido también que el director general de economía y estadísticas del Banco de España, Óscar Arce, ha sido escogido como director general de Economía del Banco Central Europeo, una unidad con 120 técnicos a su cargo. Un departamento que igual que el IMFC que aspira a presidir Calviño asesora sobre políticas y da apoyo para las reuniones, en esto caso las de política monetaria de los órganos rectores del BCE.

La vicepresidenta sabe que 2022 es un año clave para la gobernanza económica mundial. Tener a economistas y técnicos con pasaporte español no supone nada per se, pero ella es consciente de que el debate se genera a todos los niveles y de que durante demasiado tiempo la voz de determinados países, y ciertas escuelas de pensamiento, han estado en segundo lugar. La batalla se pierde a menudo por incomparecencia y por eso es vital que haya voces allí donde se plantean los debates, se preparan las agendas. En el FMI, el Banco Mundial, la Comisión, el Consejo, la Eurocámara, el BCE o la OCDE. Ya sea para hablar de planes de recuperación, reforma laboral, posibles subidas de tipos de interés, de inflación o del futuro de las reglas fiscales.

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