El asesor de banca privada, un aliado para gestionar tu dinero con cabeza

El asesor de banca privada, un aliado para gestionar tu dinero con cabeza

Actualizado Lunes,
6
diciembre
2021

01:47

No se fíe. Usted puede ser su peor enemigo. La confianza en uno mismo está bien. Resulta imprescindible, de hecho, para una personalidad saludable, pero, paradójicamente, uno de sus primeros síntomas es el reconocimiento de los propios límites. El «conócete a ti mismo» del oráculo de Delfos adquiere una importancia capital, nunca mejor dicho, cuando penetramos el terreno a veces complejo de las finanzas. Ahí necesitamos un buen aliado. Los asesores de banca personal se postulan para el cargo.

Llevan tiempo haciéndolo. Ainhoa Lauzirika Meñaka, jefa de equipo en Santander Private BankingBilbao, se remonta al siglo XVIII, cuando «los monarcas reinantes dividieron la gestión de su patrimonio en dos: el privado que tenían como individuos y el que mantenían como personas públicas. Así nació lo que hoy conocemos como ‘banca privada’, que se refiere al asesoramiento sobre el capital privado». Las cosas fueron evolucionando hasta llegar a la banca privada moderna, que comienza «en Suiza durante la ‘Golden Age’, gracias al atractivo de sus cuentas anónimas (numeradas), el secreto bancario por la ley de 1934 y la fortaleza del franco suizo».

Hoy, un total de 67.000 personas han obtenido un certificado como asesores financieros en España, según datos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), «una cifra que seguirá aumentando, ya que la figura del asesor financiero se ha convertido en una profesión imprescindible en el sector. La toma de decisiones en un entorno cambiante y de incertidumbre hace necesario un asesoramiento financiero y fiscal personalizado».

Además, la idea de que solo están al alcance de grandes patrimonios se está desvaneciendo: «Desde la digitalización, los perfiles más jóvenes crecen y buscan ir construyendo un patrimonio para el futuro, buscan más alternativas de diversificación y, por consiguiente, más asesoramiento personal. Son, además, clientes más digitales y con una visión más internacional».

Lauzirika sintetiza así el rol del asesor: «Consiste en ofrecer a los clientes soluciones integrales a sus necesidades financieras, mediante una oferta transparente e innovadora basada en una relación personal a largo plazo, de respeto y confianza». El punto clave consiste en situar el foco de atención en el cliente: «Conocer sus circunstancias, filosofía de inversión, objetivos y situación fiscal. Por ello, junto a los servicios de inversión, debemos sumar también servicios de planificación patrimonial, corporativos o inmobiliarios, así como el asesoramiento en otras materias, por ejemplo, las inversiones en arte».

Una vez analizada la situación del cliente, el banquero privado «detectará oportunidades como consecuencia de analizar el mercado y asesorará a cada cliente con las más acordes teniendo en cuenta su perfil». Así podrá adecuar sus decisiones «a los parámetros de inversión, como liquidez, diversificación, complejidad y riesgo que está dispuesto asumir».

Cada cliente es único -«sus conocimientos financieros, sus experiencias y sus necesidades exigen un servicio diferente»-, pero, a grandes rasgos, se pueden distinguir tres tipos de asesoramiento. El primero corresponde a «clientes que no precisan asesoramiento para tomar sus decisiones o les basta con un asesoramiento puntual»; para ellos el asesor debe «ofrecer la solución más adecuada teniendo en cuenta sus perfiles e informarles de la operación y sobre la adecuación de la misma bajo criterios de complejidad, adecuación de riesgo, liquidez y diversificación».

El segundo tipo engloba a quienes «solicitan un asesoramiento personalizado continuo que les facilite la toma de sus propias decisiones de inversión»; en este caso, el asesor tiene que «realizar un seguimiento continuado de sus inversiones, hacer recomendaciones de ajustes de su cartera para una mejor adecuación a los movimientos de mercados y a su perfil inversor, y ofrecer información relevante para su inversión: un informe mensual de mercados, cambios de opinión sobre compañías, ideas de inversión y noticias económicas relevantes».

Finalmente, hay clientes que prefieren «un equipo experto, con el que definen las líneas básicas de inversión»; este tercer tipo de cliente «delega la gestión de su patrimonio en manos expertas definiendo desde el primer contacto sus objetivos, necesidades y perfil».

En todos los casos, resulta fundamental asegurarnos de la fiabilidad del asesor. «Desde la implementación de la normativa MIFID II en España, para poder asesorar se debe estar debidamente acreditado. Cuando se trata de un asesor de banca privada, al menos en el caso del Santander, debe contar con el EFA (European Financial Advisor), que hace referencia a la certificación para poder desarrollar actividades de asesoramiento y planificación financiera a nivel europeo». Para obtener la acreditación hay que superar un examen, pero además «se establecen una serie de controles y seguimientos para garantizar que anualmente se ‘recertifiquen’ con un número mínimo de horas de formación continua».

El coronavirus se ha demostrado como una prueba extra. «Como para todos, ha sido un aprendizaje», recuerda Lauzirika. «La pandemia ha supuesto un ‘rally’ en la digitalización, por lo que hemos tenido que adaptarnos a un nuevo modelo de relación. En un entorno de absoluta incertidumbre la agilidad en la toma de decisiones es vital y el incremento de herramientas tecnológicas ha sido crucial. No obstante, no debemos olvidar que el gran valor de un asesor es el conocimiento del cliente, y que nos sienta cerca sobre todos en momentos complicados como los que estamos viviendo».

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