Bruselas rebaja el crecimiento español al 4% este año, tres décimas menos que el Gobierno

Bruselas rebaja el crecimiento español al 4% este año, tres décimas menos que el Gobierno

La Comisión Europea ha rebajado este lunes las previsiones de crecimiento de la Economía española hasta el 4% este año y al 3,4% el que viene. Tras la invasión rusa, las tensiones energéticas, con el precio del gas disparado y tras la drástica revisión hecha por el propio Ejecutivo español, Bruselas ha enfriado en más de un punto y medio sus cálculos respecto al mes de febrero para este curso, y un punto adicional en 2023, siendo algo menos optimista que Moncloa. Con todo, nuestro país será uno de los que mejor rendimiento presente en toda la Unión, tras Irlanda y Portugal, gracias en parte a que la caída de los años anteriores (un 10,8% en 2020) no se había llegado a recuperar en su totalidad.

Los técnicos comunitarios esperan que el paro siga en el 13,4 y el 13% respectivamente, prácticamente el doble de la media de la UE y sólo por detrás de Grecia, pero los mejores datos desde 2008. Calculan una inflación del 6,3% para este año (totalmente en línea con la media de la Eurozona) pero una caída al 1,8% el que viene. Y un déficit del 4,9% en 2022 y del 4,3% en 2023, muy por encima de lo que Moncloa ha prometido. En el cuadro macro remitido hace apenas dos semanas a las instituciones, Hacienda prevé una senda con un déficit del 3,9% en 2023, 3,3% en 2024 y 2,9% en 2025.

La diferencia para este año es de casi un punto, pues España confía en que tanto el crecimiento como la recaudación sean mucho mejores. Los expertos comunitarios hablan de hecho de esos ingresos, pero apuntan a un factor potencialmente desestabilizante: la revalorización de las pensiones. «En 2023, se prevé que el déficit público continúe reduciéndose (4,4% del PIB), reflejando un crecimiento económico dinámico y una moderación del gasto que compensen el retorno gradual de los ingresos a sus elasticidades tradicionales. Sin embargo, la indexación de las pensiones puede generar un gasto superior al previsto si persisten las presiones inflacionarias», dice asépticamente el documento. Este tema es uno de los más delicados en las conversaciones regulares con Bruselas de cara a la aprobación de los próximos desembolsos y el cumplimiento de hitos.

«Se espera que la recuperación económica continúe en España a pesar de las perturbaciones creadas por la guerra contra Ucrania. Las inversiones en el marco de los fondos europeos y la recuperación del sector turístico deberían apuntalar el crecimiento durante el horizonte previsto. Se prevé que la inflación general alcance su punto máximo a mediados de 2022 y promedie un 6,3 % en 2022. Se espera que el mercado laboral se mantenga fuerte, con la tasa de desempleo en su nivel más bajo nivel desde 2008, y que el saldo del gobierno general mejore, ayudado por fuertes ingresos», dice en líneas generales informe sobre nuestro país.

El Pacto de Estabilidad y Crecimiento fija un máximo del 3% de déficit, pero ahora mismos las reglas fiscales en la UE están congeladas y no está claro en qué momento volverán a reactivarse. Se esperaba a finales de este año, pero tras la invasión rusa hay debate abierto. Nuestro país no volvería a los umbrales aceptados hasta 2025, pero no queda claro en qué momento la comisión podría abrir un procedimiento de déficit excesivo, si es que llega a hacerlo.

En noviembre, en las estimaciones de invierno, los servicios técnicos esperaban que España cerrara 2021 con un aumento del PIB del 4,6%, que mejorara un 5,5% adicional este curso y mantuviera un buen ritmo en 2023, en torno al 4,4%. En febrero, con la guerra a punto de empezar, elevaron al 5% la estimación de cierre del curso pasado y subieron incluso una décima, hasta el 5,6%, la de 2022, dejando la de 2023 en el mismo 4,4%. Pero hoy, en línea con toda la UE, en tras tres meses de invasión y con una crisis energética en marcha, el hachazo ha sido generalizado.

El equipo del comisario Paolo Gentiloni ha rebajado el crecimiento esperado del PIB al 2,7% este año y al 2,3% el que viene en toda la UE, y espera que la inflación cierre el ejercicio en el 6,1%, si bien confía en que en 2023 caiga hasta un 2,7%, niveles altos para los vistos en la última década, pero mucho más controlados.

A finales de abril, en el Programa de Estabilidad remitido a Bruselas, el Gobierno español ya había hecho uno de los ejercicios de corrección más notables de los últimos tiempos, hundiendo en casi tres puntos sus previsiones de crecimiento, hasta el 4,3%. Que la Comisión Europea iba a hacer lo mismo estaba claro. España sufre como todos, sin embargo es el país más lento de toda la Unión en la recuperación, pues no espera tener los niveles previos a la pandemia hasta el primer semestre del año que viene, cuando la mayoría de socios ya están ahí.

Lo mismo ocurre con la deuda. Bruselas espera una reducción de tres puntos respecto a 2021, pero según la senda estimada el curso acabará con un 115,1% del PIB, para bajar hasta el 113,7% en 2023. Son niveles altísimos, casi al doble de lo estipulado por el Pacto de Estabilidad, pero a años luz del 185% del PIB de Grecia o del 147,9% italiano. Portugal es el único otro país que está por delante del nuestro, con Francia o Bélgica por debajo del 115%, pero cerca.

«La economía española mantenía el impulso a principios de 2022, pero las interrupciones del suministro y la escalada de las presiones inflacionarias en el contexto de la guerra han ralentizado la actividad económica desde finales de febrero. Como resultado, el PIB real creció un 0,3% intertrimestral en el primer trimestre frente al 2,2% en el cuarto del año anterior, frenado por la fuerte contracción del consumo privado. Se espera una mayor desaceleración en el segundo trimestre (0,1%) debido a la persistencia de obstáculos al crecimiento», dice el análisis de la UE.

En su informe, la Comisión recalca que la reactivación de la actividad turística ha sido el principal motor del crecimiento económico desde el verano de 2021 y se espera que mantenga su impulso en 2022. Igualmente, confía en que el crecimiento económico se acelere a partir del tercer trimestre de 2022 gracias a la «implementación más rápida de las inversiones bajo el Plan de Recuperación comunitario y cierta reactivación del consumo privado», algo «respaldado por la solidez del mercado laboral y los ahorros acumulados durante la pandemia», que en algún momento deberían transformarse en inversión. Sin embargo, avisan los técnicos, «se espera que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares en un contexto de alta inflación y caída de los salarios reales pese como un lastre. Se proyecta que el consumo privado se mantendrá por debajo de su nivel previo a la pandemia durante el horizonte de pronóstico», esto es, al menos hasta 2024.

Nuestro país está expuesto como todos los demás a los efectos de la guerra, de los shocks en la cadena de producción global, al cierre de puertos chinos por el Covid o a problemas energéticos, pero los precios de la energía han aumentado en España más rápido que en la mayoría de los países de la eurozona. «Una mayor escalada de precios puede afectar especialmente a la actividad en sectores como el transporte, la construcción y la industria electrointensiva. En consumo e inversión las decisiones podrían posponerse hasta que las interrupciones actuales desaparezcan y el consumo privado podría verse afectado aún más por el impacto persistente de la inflación en el poder adquisitivo de los hogares, en particular en aquellos que se encuentran en la parte inferior de la distribución», dice el documento publicado este lunes. En el lado positivo, España es el país que va más adelantado en la petición y distribución de fondos europeos, así que los efectos deberían notarse antes que en el resto del continente, propiciando más inversión y efectos en cascada en algunos sectores.