Agua Blanca, el pueblo mágico de Ecuador que atrae a los turistas por sus aguas sulforosas

Agua Blanca, el pueblo mágico de Ecuador que atrae a los turistas por sus aguas sulforosas

Además de la laguna, la comunidad ofrece un recorrido por un museo con más de 1.100 piezas arqueológicas, avistamiento de aves, masajes y baño ancestral de ‘temazcal’, entre otros.

En Ecuador, quien quiere adentrarse en una comunidad indígena inmediatamente piensa y planea su viaje a las regiones de la Amazonía o a la Sierra, donde se concentran la mayor parte de ellas; sin embargo, en la Costa existe una que atrae a muchos turistas.

Se trata de la comunidad de Agua Blanca, ubicada en la parroquia Machalilla, en el cantón Puerto López de la provincia de Manabí. Está dentro del Parque Nacional Machalilla.

Cada año esta comunidad recibe a alrededor de 16.000 turistas, tanto nacionales como extranjeros.

Aunque su historia data de varios siglos atrás, la comunidad fue fundada en 1930, tiene vida jurídica desde 1965 y ofrece turismo comunitario desde 1986. En diciembre de 2020, el Ministerio de Turismo le otorgó el reconocimiento de Pueblo Mágico, sumándose con este distintivo a una veintena de lugares del país suramericano.

Museo y urnas funerarias

El recorrido comienza por un museo, uno de los más importantes de la Costa ecuatoriana, donde se exhiben más de 1.100 piezas arqueológicas, pertenecientes a la cultura manteña.

«La cultura (manteña) data desde de los años 800 a 1532 después de Cristo», dice Rony Ventura, uno de los más de 20 guías turísticos nativos de la comunidad que ofrecen los recorridos a los visitantes.

Ventura se refiere a los manteños, una cultura precolombina de la región litoral del Ecuador, que tuvo mutuo comercio y convivencia fraterna con los huancavilcas, por ello también es llamada cultura manteño-huancavilca.

Antiguamente, lo que hoy es Agua Blanca se conocía como Salangome y era el asentamiento principal de lo que se denominó como ‘Señorío de Salangome’, que también abarcó a Tuzco (hoy Machalilla), Sercapez (actual Puerto López) y Salango, que conserva ese nombre, explica Ventura.

«Este fue uno de los señoríos más poderosos, junto con los de Jocay y Picoazá hacia el norte», dice un cartel explicativo dentro del museo. En la publicación también indican que «esta fue la cultura encontrada por los españoles, cuando encontraron al continente sudamericano en lo que hoy es la República del Ecuador», y que «sus descripciones de señores poderosos, tráfico a larga distancia y centros densamente poblados fueron abandonados como resultado del colapso social y económico producido por la invasión española».

En el museo se exhiben urnas funerarias en forma de vasijas con osamenta de los difuntos, las bases de sillas ceremoniales talladas en piedra en forma de U que era símbolo de poder, collares hechos con distintos materiales (como las conchas spondylus, que le da nombre a la ruta turística de la Costa ecuatoriana), armas rústicas, tejidos, entre otros objetos encontrados en la zona.

Luego de visitar el museo, el recorrido continúa por un lugar donde fueron encontradas y se conservan otras urnas funerarias en forma de vasijas.

De acuerdo con Ventura, el número de habitantes en la antigua zona fue de entre 4.000 y 5.000 habitantes. Actualmente, precisa el guía, son unas 78 familias y alrededor de 320 personas las que habitan en Agua Blanca.

La laguna

«El nombre de Agua Blanca proviene de una laguna de agua sulfurosa […] que en la parte de arriba se le forma una capa blanca, que desaparece cuando se comienza a mover el agua», comenta Ventura.

Esa laguna, un poco más retirada del centro poblado, es la siguiente parada en la visita a la comunidad de Agua Blanca.

«Tiene unos cuatro metros de profundidad y es en forma de cono», dice Ventura, que explica que el agua es subterránea y proviene de «una vertiente natural que depende de una rama de un volcán», aclarando que, aunque estos colosos no están en la costa, sí abundan en la sierra del país suramericano.

Antes de que los visitantes se sumerjan en la laguna, el guía les da un pequeño vaso con barro que es sacado del fondo del mismo pozo, para que se aplique en la piel, principalmente en la cara. Ventura señala que ese producto «es bueno para las espinillas o las quemaduras del sol».

El agua, por su parte, comenta que es buena para «relajarse», con ella «el cuerpo se va a sentir más aliviado». También se le atribuyen propiedades curativas y con efectos antioxidantes que ayudan a combatir el envejecimiento.

Además de poder bañarse, el agua es utilizada para la agricultura, concretamente para 15 huertos familiares, donde se produce banano, mango, limón, papayas, explica el guía.

Junto a la laguna, otro grupo de pobladores ofrece masajes; estos los hacen con el mismo barro del pozo sulfuroso, con aceite de manzanilla o con aceite de palo santo, una especie arbórea de la zona que tiene aroma intenso con un toque ligeramente cítrico.

Otra opción para la relajación es el baño ancestral de ‘temazcal’, en un templo o bóveda construido para tal fin. Se trata de baños de vapor o sudor en el que también se usa al palo santo y los lugareños aseguran que tiene propiedades curativas.

En Agua Blanca también ofrecen avistamiento de aves, para ver especies como el motmot, sotorey, balsero caliamarillo, petirrojo, carpintero trepa tronco y tropical cola espina.

Tienen a la venta artesanías, están desarrollando un proyecto de elaboración de champú con una semilla llamada barbasco y ofrecen varios productos de palo santo, como inciensos, aceites, talco, jabón y velas.

En Agua Blanca hay servicio de restaurante y quien quiera hospedarse podrá hacerlo en alguna de las cabañas con las que cuentan, en las que ofrecen «un descanso reparador», sin internet ni televisión por cable.

Edgar Romero G.

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