Accidentes de tránsito en EE. UU. registran sus cifras más altas en 60 años

Entre 2019 y 2021, los fallecimientos en las vías de ese país aumentaron el 20 %.

Accidentes de tránsito en EE. UU. registran sus cifras más altas en 60 años

Entre 2019 y 2021, los fallecimientos en las vías de ese país aumentaron el 20 %.

Uno de los efectos más evidentes durante estos dos años de pandemia, especialmente en sus primeros meses, fue la disminución del tráfico. Por momentos, al menos en Estados Unidos, este bajó a más de la mitad como consecuencia de las medidas de confinamiento, cierre de negocios y el trabajo remoto. Pese a ello, las muertes por accidentes de tránsito en el país están disparadas.

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Las cifras, recopiladas por el National Safety Council (NSC) y el Departamento del Transporte, apuntan hacia otra especie de epidemia, pero en cuatro ruedas. Según ambos, entre el 2019 y el 2021 los accidentes de tránsito en el país han crecido casi un 20 por ciento.

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Se trata del incremento más alto que se registra en 60 años: en total, sumando esos dos años, han fallecido más de 80.000 personas en el país. También se han registrado alarmantes alzas en la cantidad de peatones atropellados por carros: un 17 por ciento en solo un año del (2020 al 2021).

Lo más dramático del salto es que rompe con todas las tendencias previas.
A lo largo de los años, gracias a las mejoras en tecnología automovilística, reducciones de los límites de velocidad y más controles y penalidad para conductores embriagados, las cifras habían llegado a uno de los niveles más bajos en la historia.

De hecho, el 2019 fue uno de los años con menos accidentalidad desde que los carros aparecieron en el panorama en los años veinte del siglo pasado.

Realice los respectivos controles en su vehículo para prevenir siniestros viales.

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Hasta que en marzo del 2020 apareció el covid-19. Si bien las autoridades continúan buscando explicaciones, ya hay varias que saltan a la vista.

La primera es más bien simple. La reducción del tráfico en las carreteras y la ausencia de trancones en horas pico han hecho que las personas manejen a más altas velocidades, lo cual se ha traducido en un aumento de accidentes.

Así mismo, se presentaron reducciones en la cantidad de policías de tránsito que patrullaban las calles y se redujeron las detenciones por temor a contagiarse con el virus. Pero hay otras. Con la llegada del covid-19 también se ha venido presentando aumento en el uso de drogas y alcohol.

Durante el 2020 el número de personas que dieron positivo por uso de opioides mientras manejaban se duplicó.

De acuerdo con un informe del Departamento del Transporte, durante el 2020 el número de personas que dieron positivo por uso de opioides mientras manejaban se duplicó. Y en el caso de marihuana hubo un 50 por ciento de aumento.

Así mismo, la población de personas ‘sin techo’ o que viven en las calles se ha multiplicado durante la pandemia, lo cual contribuyó en el aumento de personas atropelladas.

Las autoridades también han detectado, basado en los informes de tránsito recopilados tras los accidentes, que un número mucho más alto de personas no llevaba puesto el cinturón de seguridad en el momento del siniestro.

El cinturón de seguridad ha disminuido la morbimortalidad en los accidentes.

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La pandemia ha generado entre los estadounidenses un enorme estrés que se ha trasladado a las autopistas

Pero hay otra mucho más profunda.  De acuerdo con Art Marksman, sociólogo de la Universidad de Austin, en Texas, la pandemia ha generado entre los estadounidenses un enorme estrés que se ha trasladado a las autopistas.

«Van dos años de restricciones, de cosas que no podemos hacer, de falta de contacto con otros seres humanos. Eso causa frustración. Y una persona frustrada y con rabia se convierte en un conductor peligroso», afirma este analista.

Harold Medina, jefe de la policía de Albuquerque, también en ese estado, sostiene que son incontables los casos de road rage, o ataques de rabia en las carreteras, que a su vez se traducen en accidentes.

“Estamos viendo mucha gente errática, con poca paciencia, que reacciona de manera agresiva cuando está al volante. Todo el mundo está como una olla a presión. Este ha sido uno de los períodos más estresantes de toda la historia”, afirma Medina.

El estrés aumenta el riesgo de hipertensión arterial y enfermedades cardíacas.

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El doctor David Spiegel, del centro para la Salud y el Estrés de la Universidad de Stanford, lo llama una especie de saturación del miedo.

«Hay tanto temor por el virus que las personas inconscientemente reducen su sistema de alerta en otros frentes y toman más riesgos. Uno de ellos es manejar más rápido». dice el doctor.

Para Spiegel, si a eso se le suman la falta de contacto humano y las frustraciones tras dos años de encierro se puede entender por qué eso se ha ido trasladando a las autopistas y calles del país.

Si bien se pensaba en un fenómeno transitorio que desaparecería con el retorno a la normalidad, esto todavía no ha sucedido en la práctica, pues las cifras de 2021 son igual o más altas que las del 2020.

Eso se debe, según Charles Marohn, ingeniero y fundador de Mejores Ciudades, a que las personas no han regresado a los patrones de movilización en horas pico que existían antes –durante un trancón baja la velocidad y hay menos accidentes–, sino que manejan horarios más flexibles cuando las carreteras están más vacías.

Las personas más afectadas han sido afroestadounidenses, indígenas o individuos con bajos recursos.

Pero debajo de esas estadísticas han surgido otras que también son causa de alarma.

Según las cifras del Gobierno, las personas más afectadas han sido afroestadounidenses, indígenas o individuos con bajos recursos.

Para poner un ejemplo, mientras el incremento total de muertes a nivel nacional en 2020 fue del 8 por ciento, en el caso de los afros fue del 23 por ciento.

Eso se debe, dicen los expertos, a que manejan carros más baratos y menos seguros y la escasez de cruces peatonales o señalización en los barrios donde viven los más pobres, entre otras cosas.

La tragedia de los accidentes automovilísticos no es una cosa que golpea exclusivamente a Estados Unidos. En el ámbito mundial, de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud, la tasa promedio por cada 100.000 habitantes es mucho más alta que la estadounidense, especialmente en el hemisferio sur del planeta.

Anualmente, más de 1.3 millones de personas perecen por esta vía, que son más que los asesinatos y los suicidios combinados. La mayoría de las víctimas son peatones, ciclistas y motociclistas, que están menos protegidos que los conductores de carros.

Imagen de archivo de la autopista I-95, que conduce a Washington.

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Las estadísticas son más altas, además, entre países más pobres.

Eso se debe, según Renato Vieira, de la Universidad Católica de Brasilia, a que en estas naciones la infraestructura vial es más precaria, los carros son más viejos y menos seguros, hay más motocicletas y menos separación entre diferentes tipos de tráfico (ciclo-vías, por ejemplo).

Pero según un reporte reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), entre naciones desarrolladas, Estados Unidos cuenta con las peores cifras de accidentalidad.

Hace 20 años, países como Bélgica, Francia, España y República Checa amasaban números muy similares a los estadounidenses. Pero mientras ellos los han reducido a la mitad en estas dos décadas, los de Estados Unidos no han caído en la misma proporción.

Mientras la pandemia siga dominando la vida de los estadounidenses la accidentalidad continuará alta

Según otro estudio del NSC, eso se debe en parte a que en Estados Unidos las estrategias para mitigar la accidentalidad se concentran en el conductor y no tanto en las carreteras mismas, que deberían ser más seguras y construidas para ese fin.

En su lugar, en el país prevalecen las autopistas, que son más convenientes pero que fomentan las altas velocidades. Lo cual termina siendo un factor clave a la hora de vivir o morir.

Para ponerlo en contexto, un peatón tiene un 10 por ciento de chances de perecer si es atropellado por un carro que va a 38 kilómetros por hora, 25 por ciento si el auto va a 50 km/h, y 50 por ciento si la velocidad en el momento del impacto es de 80 km/h.

Imagen de archivo del tránsito en Nueva York.

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Muchas ciudades del país han comenzado a tomar medidas. En Nueva York, por ejemplo, se bajó el límite de velocidad, y otras han comenzado a invertir en mejorar la señalización, más cruces peatonales, iluminación de calles y campañas de prevención.

Paralelamente, se ha incrementado la contratación en policía vial, lo cual se ha traducido en más presencia en las calles y aumento de comparendos. Dos medidas que, de la mano, tienden a modificar la conducta de los conductores.

Pero, según Spiegel, sin embargo, mientras la pandemia siga dominando la vida de los estadounidenses la accidentalidad continuará alta. “Es algo –dice este doctor– que hemos visto expresado en otros frentes como la violencia doméstica e intrafamiliar, que también ha crecido.

El covid-19 lo cambió todo, incluso la manera como manejamos. Pero en algún momento desaparecerá o podremos convivir con él sin tanta presión. Y cuándo eso suceda comenzaremos a ver mejoras en números que hoy son descorazonadores”.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
En Twitter @sergom68

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